Mujeres y revoluciones

¿Qué tiene que suceder para que se produzcan cambios sociales profundos? ¿Qué hace que ciertas demandas colectivas se conviertan  en acciones transformadoras de las sociedades? ¿Qué tiene que suceder YA para generar el cambio profundo que necesitamos para frenar el cambio climático?

Estas preguntas emergen en mi cabeza de tiempo en tiempo, especialmente cuando vemos el poco resultado que han tenido las medidas implementadas para detener la carrera hacia despeñadero ambiental. Y no es que no se esté haciendo nada: las evidencias son suficientes, la ciencia avanza generando información y propuestas, los políticos conversan, la comunidad internacional sigue permanentemente los temas, los estados promueven medidas, muchas empresas hacen ajustes, y muchos ciudadanos conscientes del problema intentamos tener algún impacto… y a pesar de todo, no es suficiente y  en el fondo nada cambia realmente.

Se postula que las mujeres fueron las promotoras del cambio más fundamental que ha vivido la humanidad: el descubrimiento de la agricultura durante el neolítico. Fue gracias a ella que nos asentamos, empezamos a convivir en grupos humanos numerosos, pudimos generar excedentes que estratificaron nuestras comunidades, entre otros, dando inicio a cambios que generaron las sociedades tal cual las conocemos hoy… Desde esta primera gran revolución, en casi todos los cambios sociales relevantes las mujeres han jugado un rol fundamental, no siempre visibilizado por el hecho de estar tradicionalmente relegadas al espacio doméstico. Como ejemplos frecuentemente citados, se habla del rol que tuvieron en la revolución francesa, la revolución bolchevique o durante movimientos como la primavera árabe, por nombrar sólo algunos. Al repasar estos capítulos de la historia vemos que es cuando la mujer sale a la calle, genera demandas y participa liderando de igual a igual con los hombres, donde se forjan transformaciones reales y profundas del status quo.

Pero, ¿qué tiene que suceder para que las mujeres decidan acelerar una revolución climática? Pienso que el ver afectada nuestra cotidianeidad, los derechos que hemos difícilmente ganando, el bienestar de nuestras familias o visualizar inminentes peligros para el futuro de nuestros hijos y nietos son gatilladores fundamentales, y que se han ido profundizando y expandiendo con fuerza en cada rincón del planeta. Ya no son sólo producto de catástrofes climáticas puntuales que afectan a algunos desafortunados, sino que son el resultado de amenazas que invaden nuestro día a día y transforman nuestra cotidianeidad.

A pesar de la inmensa prosperidad y beneficios para la igualdad de hombres y mujeres que el siglo XX llevó a casi todos los rincones del planeta, nos sentimos hoy al borde de un abismo. Vemos que de nada servirán todos estos cambios si no los podemos sostener en el tiempo y, sobre todo, si son sólo para algunos pocos. Las grandes marchas de mujeres y de jóvenes por el clima que se han dado en los últimos días alrededor del mundo muestran que son las generaciones más jóvenes guiadas por fuerzas femeninas (con Greta Thunberg y Alexandria Ocasio-Cortez como exponentes fundamentales), quienes han recogido esta posta, buscando acelerar transformaciones profundas para generar los cambios radicales que necesitamos para frenar el deterioro del planeta.

Pía Hevia
Sub Directora
Adapt Chile

Género y políticas climáticas, tarea pendiente

Columna de Opinión de Paola Vasconi, Encargada de Asuntos Políticos de Adapt Chile publicada el 12 de marzo en El Mostrador con motivo del día internacional de la Mujer Trabajadora.

Las políticas climáticas en el Mundo han avanzado y se han desarrollado principalmente en el contexto y con el impulso de las negociaciones internacionales de Cambio Climático bajo el marco de la Convención de Naciones Unidas, proceso donde a pesar delos avances, el asunto de género sigue siendo una tarea con muchos desafíos pendientes.

Reflejo de ello, es el Acuerdo de París adoptado en la COP21 de 2015, donde más de 190 naciones reconocieron los riesgos que el cambio climático le impone a la humanidad y el planeta, la necesidad de que la industria de los combustibles fósiles llegue a su fin, y el umbral de 1,5 grados centígrados en el calentamiento global del planeta como el objetivo a perseguir para evitar una catástrofe climática son precedentes en la historia de la humanidad. Sin embargo, los compromisos para abordar las preocupaciones de las personas más vulnerables, incluidas las mujeres, son insuficientes.

Es cierto que en el pasado los asuntos de género solo se mencionaban en el preámbulo de los textos y acuerdos de las negociaciones. En esta ocasión, en cambio, la inclusión del lenguaje de igualdad de género se da en el texto principal del Acuerdo de París -en las secciones sobre adaptación y generación de capacidades-, lo que claramente constituye un avance. Pero todavía está pendiente la inclusión de la igualdad de género en varios temas claves como mitigación, financiamiento y transferencia de tecnología, entre otras.

 TODAVÍA HAY MUCHOS PAÍSES EN EL MUNDO DONDE LAS MUJERES ESTÁN EXCLUIDAS DE LOS CÍRCULOS DE TOMA DE DECISIONES Y, A MENUDO, CARECEN DE ACCESO Y CONTROL DE LOS RECURSOS NATURALES, LO QUE LIMITA SU CAPACIDAD PARA ADAPTARSE A UN CLIMA CAMBIANTE.

En relación a las Contribuciones Nacionales (INDCs), cabe destacar que, al 18 de noviembre de 2015, 55 INDC (39%) incluyen referencias voluntarias al género. Adicionalmente, el preámbulo del Acuerdo, al instar a las partes a “[…] respetar, promover y tomar en consideración sus respectivas obligaciones en materia de derechos humanos […] igualdad de género, empoderamiento de las mujeres y equidad intergeneracional”, al menos las alentará a considerar abordar dichos temas en las INDC que aún no toman en cuenta el género (que representan un 80-90% de las emisiones mundiales de GEI) cuando las revisen previo a la entrada en vigencia del Acuerdo en el año 2020.

Todavía hay muchos países en el mundo donde las mujeres están excluidas de los círculos de toma de decisiones y, a menudo, carecen de acceso y control de los recursos naturales, lo que limita su capacidad para adaptarse a un clima cambiante. Esta es la preocupación fundamental para aquellos que defendemos una mayor participación de las mujeres en la toma de decisiones y en la movilización, junto con una mayor integración a medida que los planes de acción se revisen y se desarrollen para animar a la ejecución del Acuerdo de París en cada país.

El Día Internacional de la Mujer en 2016 se conmemora bajo el lema “Planeta 50-50 para 2030: intensificar la labor en pro de la igualdad de género”. En este contexto, es relevante desarrollar un acuerdo que esté basado en derechos humanos y reconozca formalmente la importancia de la equidad de género para promover una mejor integración de este tema en la formulación de políticas de cambio climático de cada nación. Es muy relevante que sean reconocidos los distintos roles que asumen tanto hombres como mujeres, sus experiencias y sus contribuciones a la adaptación y mitigación al cambio climático.