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Debemos cambiar nuestra forma de pensar sobre el desarrollo del país

Dos meses después de la COP22 y a más de un año de la adopción del Acuerdo de París, Chile ha formalizado sus Contribuciones Nacionalmente Determinados (NDCs por su sigla en inglés) ante el Convenio Marco de las Naciones Unidas ante el Cambio Climático (CMNUCC). La ratificación surge en medio de una catástrofe nacional, en la forma de un brote de incendios forestales sin precedentes en la historia de Chile; un infierno de llamas que mantiene toda la zona centro-sur del país, desde Coquimbo hasta la Araucanía, bajo una manta de humo, habiendo quemado hasta la fecha más de 500.000 hectáreas de bosques y praderas, cobrando la muerte de brigadistas y ciudadanos, y dañando propiedades y medios de vida.

Mientras que Chile ha avanzado mucho en cuanto al desarrollo de un marco de políticas públicas e institucionalidad para la adaptación al cambio climático, plasmado tanto en el Plan de Acción Nacional de Cambio Climático, como en el Plan Nacional de Adaptación, y los Planes Sectoriales de Adaptación; asimismo, los NDC resaltan la continua predominancia de la mitigación en los compromisos de Chile ante el CMNUCC.

Sin menospreciar la relevancia de establecer objetivos claros y vinculantes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y encaminar senderos de desarrollo bajo en carbono, cabe señalar que Chile aporta apenas un 0.25% de los GEI a nivel global, y como bien señala el mismo NDC, “Chile es un país altamente vulnerable al Cambio Climático”. De hecho, en el año 2015 fue uno de los cinco países del mundo que más dinero gastó en la recuperación ante desastres naturales y, además, cumple con 7 de los 9 criterios de vulnerabilidad establecidos por el IPCC.

Sin embargo, los NDC no integran ningún elemento que aborde la gestión de riesgos o reducción del riesgo ante desastres definidos por el marco de Sendai. Más específicamente, apenas se menciona la problemática de los incendios forestales en los planes de adaptación para los sectores silvoagropecuarios y biodiversidad. De igual forma, tampoco se presta atención a la generación de riesgo territorial provocado por actividades productivas, mediante la contaminación de agua, agotamiento de acuíferos, degradación de suelos o forestación con monocultivos de especie exótica, especialmente considerando que el cambio climático es un factor que exacerba el riesgo de los territorios.

Como bien destaca el NDC de Chile: “Resulta clave que en el proceso de adaptación al Cambio Climático se cuente con la participación de todos los actores involucrados, en particular de los gobiernos sub-nacionales y la ciudadanía.” Ante la catástrofe que vive el país, es imperativo aumentar la importancia de la adaptación, integrando el conocimiento de los actores locales y la ciencia en la toma de decisiones para evitar la construcción de riesgos e implementar acciones que reduzcan las amenazas que actualmente enfrenta el país. El cambio climático y sus efectos no cambiará; debemos cambiar nuestra forma de pensar sobre el desarrollo del país.

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